Rose of Sharon. Parte 2

Rose of Sharon. Parte 2. Final

La cena de los Larkin

—¡Señorita Larkin, cuando desee puede usted bajar a cenar!

—Voy, Kermit, voy.

Un minuto después, cuando Sharon está bajando, escucha a su hermano contándole a Marta y a Bonnie.

—…es como si fuera una Sharon pero en versión hombre, con la diferencia de que Rick me cae bien.

—¡Kermit, te estoy oyendo!

—¡Lo sé, Sharon, te escucho bajando! ¡esa era la idea! Y no os lo vais a creer, ¡saltaban chispas entre ellos!

—¿Puedes cerrar el maldito pico? —dice Sharon ya sentándose, mirándolo con expresión desafiante.

—Vale pero una cosa es verdad, y es que te portaste como una desagradecida después de lo que hicieron. Ese gracias que les diste… Graciaaas —remata fingiendo una voz espesa y gutural.

—Venga, cariño, déjalo ya —le dice Bonnie.

—Graciaaas —insiste Kermit con voz de ogro.

—¡Mamá! ¿puedes decirle a tu hijo que por el amor de Dios se calle de una vez? ¡O lo callo yo!

Marta está escuchando en silencio, sentada con los codos en la mesa y la barbilla apoyada en las manos, intentando disimular la sonrisa ante semejante disputa.

—Si es que me temía que esto iba a pasar —dice finalmente.

—¿Que iba a pasar qué? —pregunta Sharon frunciendo el ceño pero Marta no contesta.

—¡Ajá! —exclama Kermit con expresión triunfante, como restregándole algo a su hermana.

—Oh, por favor, menuda idiotez.

—¿Pero hay algo de cierto en eso? —pregunta Bonnie a Sharon.

—Pues claro que no. ¡Pero si es un antipático! Por favor, ¡¿un anciano viudo?!

Marta suelta una carcajada silenciosa y Kermit se parte de risa ruidosamente. Bonnie solo asoma una sonrisa de complicidad hacia Sharon

—¡Un anciano! pero si no te llevará más de cuatro o cinco años.

—¡Bueno…! ¡Pero qué maldita manía tenéis! por el amor de Dios. No busco un marido; estoy bien como estoy.

—De todas formas, Sharon —añade Bonnie con voz suave y amistosa—, a veces las cosas surgen por sí solas. No digo que sea este caso, ¿eh? pero yo creo que tampoco hay que ponerse a la defensiva cuando pasa.

Sharon la escucha atentamente pero permanece en silencio por temor a perder a su única aliada en esta batalla..

—Sharon —dice Marta—, mira, haz lo que quieras pero ¿sabes una cosa? Puede pasar que no encuentres a la persona adecuada; si es así es mejor que sigas como estás y me parece bien, pero si aparece… te arrepentirás toda la vida si la dejas marchar.

—Bueno, ya está.

—Vale, vale —añade Kermit—, pero sólo una cosa; hay que ser agradecido y si no lo haces tú lo haré yo por ti.

—¿Ah si? ¿y qué vas a hacer, mocoso?

—Pues ya se me ocurrirá algo.

Una cena en terreno neutral

Al día siguiente, a primera hora, cuando Sharon está saliendo de casa para empezar a trabajar, Kermit aparece de golpe y sale al mismo tiempo, vestido de domingo y con un ramo de flores sacadas de las macetas de la casa.

—Bueno, pues allá voy. Adiooos —dice encaminándose al coche.

—¿Que vas a dónde? con esas pintas.

—Pues a hacer lo que deberías hacer tú. Voy a invitar a Rick a cenar contigo en el bar de Sully.

—No te atreverás…

—¿Que no? mira.

Kermit se mete en el coche y lo arranca.

—Kermit…

Mete la marcha mirando a Sharon con cara de decidido. Sharon lo mira con los brazos en jarras, asomando una sonrisa en la boca pero con el ceño fruncido.

Él comienza a dar marcha atrás lentamente.

—Kermit…

Cuando tiene el coche enfilado para salir, se le cala. Lo enciende y mete la marcha de nuevo, ruidosamente. Mira a Sharon con un gesto de decisión un tanto forzado y comienza a avanzar aunque cautelosamente.

—¡Para! ¡para! —dice Sharon levantando la mano y después se la pasa por la frente con el dorso—. Uffff

Kermit la está mirando, a la espera.

—Está bien pero sólo para que no dejes en ridículo a la familia. Baja, ya voy yo.

—Ah, no. No me fio.

—Venga, Kermit —dice al mismo tiempo que su hermano niega enérgicamente con la cabeza—. Oh, me arrepentiré de esto durante toda mi vida —dice mientras entra al asiento del copiloto.


En el rancho Kaplan. Rick está con Rowdy seleccionando unos terneros cuando se escucha llegar un coche por el camino. Al mirar, ven a Sharon de copiloto señalando con la mano hacia ellos y a Kermit al volante que gira la cabeza repentinamente y al verlos frena de golpe haciendo que las ruedas derrapen sobre la tierra del camino.

—Ejem, ejem.

Rick mira a Rowdy pero este se está marchando, carraspeando.

Rowdy llega a donde están los demás vaqueros, que miran de reojo y alguien más empieza a carraspear. Un momento después una epidemia de carraspeo se extiende por todo el rancho Kaplan. Rick los mira frunciendo el ceño mientras comienza a caminar hacia la cerca que bordea el camino.

En el coche, Kermit, sonriente, le da el ramo de flores a su hermana pero esta lo lanza violentamente contra el asiento de atrás y sale del coche.

Para no esperar a que llegue Rick, se agacha para atravesar la cerca pero un mechón de pelo se le engancha en una rotura de la madera.

—¡Oh!

Rick apresura el paso para ayudarla mientras Kermit la mira sonriendo, sentado dentro del coche.

—¡Kermit! —grita Sharon en una postura muy incómoda, agachada entre dos listones intentando desenganchar el pelo pero no puede girar la cabeza para ver cómo hacerlo.

Kermit saluda a Rick meneando la mano con una amplia sonrisa y este le devuelve el saludo. Cuando Rick ya está llegando, Sharon se agarra el pelo con ambas manos, emite un gemido de fiereza y se lo desengancha por la fuerza.

—¿Se encuentra bien, señorita Larkin?

—Sí, oiga… —dice con la cara congestionada.

—Dígame.

—Sólo es para que sepa que el lun… el viernes estaremos cenando en el bar de Sully…

—Ah, pues qué bien.

—…Kermit, Bonnie y yo, por si le coincide de pasar.

—Ah, pues… ufff, no sé, ya veré, a lo mejor me coincide, no sé —dice rascándose la cabeza.

—Vale, pues eso —termina Sharon ya dándose la vuelta.

—Muy bien.

Sharon pasa de vuelta por la cerca muy cautelosamente, recogiéndose el pelo con la mano mientras Rick la mira. Cuando ya se está levantando por el otro lado exitosamente, gira la cabeza rápidamente hacia Rick mirándolo con los ojos entrecerrados y este, igual de rápido, desvía la mirada hacia cualquier parte.

Al entrar en el coche Kermit mira a su hermana, expectante.

—Pues ya está; el viernes cena los cuatro en el bar de Sully.

—¿Los cuatro?

—Sí, claro. Bonnie y tú también venís.

—¡¡Oh!! —exclama Kermit sintiéndose traicionado.

—¿Qué esperabas, chaval?

Mientras el coche da la vuelta y se marcha, Rick ve el espeso mechón de pelo enganchado en la cerca. Intenta arrancarlo pero está demasiado enmarañado y desiste; vuelve con los demás vaqueros.

—¿Estáis bien? ¿mejor ya?

—Sí, sí —responde Ed Swearengen—, quizá el polen primaveral, ya sabes —Rick asiente con la cabeza—. Gracias por preguntar. ¿Qué tal tú?

Sin embargo Juan está mirando a Rick con una expresión seria, pensativo, pero este no se da cuenta.



Ayúdame a mantener Mundo Kaplan abierto


El viernes, alrededor de las seis, Kermit, Bonnie y Sharon llegan al bar de Sully, donde ya hay bastante clientela.

Sharon entra primera, con cara de pocos amigos y mirada desafiante, seguida de Bonnie, que viene asomando una sonrisa, y detrás Kermit, con una sonrisa de oreja a oreja, mirando a ver quien hay y buscando a Rick.

Rick está al fondo con José Ortiz, Ed Swearengen y otros dos conocidos del pueblo jugando al billar. Les saluda con la mano.

Los Larkin se sientan en una de las pocas mesas que quedan libres, en la zona central del local y piden para cenar.

—Cuando termine la partida vendrá —dice Kermit

Poco después Sully les llena la mesa con varias fuentes de diferentes cosas.

Unos minutos más tarde alguien se acerca a Kermit; un conocido al que hace años que no ve, se disculpa con ellas, se levanta y comienzan a charlar animadamente y van a sentarse a la barra, bebiendo algo.

Sharon y Bonnie se quedan en silencio. La esposa de Kermit está algo tensa ante la expresión de Sharon, con temor a decir algo a sabiendas de que viene con la mecha corta.

Comen poquito a poco, picando y mirando a ninguna parte.

Unos minutos después, cuando la velada está derivando estrepitosamente al tedio para ellas, comienza repentinamente a sonar «Make Love to Me!», de Jo Stafford. Sharon gira la cabeza hacia el jukebox, como por un sexto sentido, y ve a su hermano apartándose de él y viniendo hacia la mesa, bailando al mismo tiempo que camina.

Coge a su esposa de las manos invitándola a levantarse y esta intenta mostrarse reacia al mismo tiempo que sonríe. Ambos se van a la pista donde ya hay otras parejas bailando.

Sharon se inclina completamente sobre la mesa, apoyando los codos. Come patatas fritas de una fuente cogiéndolas con los dedos y masticando con la boca abierta mientras recorre visualmente y con cara de asco todo el local excepto los centímetros que ocupa Rick en él.

En un momento de despiste, cuando miraba hacia atrás, hacia la entrada, al volver la vista Rick está de pie junto a la mesa.

—Señorit…

—¡Jesús! —exclama ella llevándose la mano al corazón y echándose hacia atrás.

—Perdóneme, no pretendía asustarla.

—No pasa nada; estaba despistada. Ya que está, ¿le apetece? —dice mostrando con la mano toda la comida sobre la mesa—. Siéntese; hay comida aquí para alimentar a todo el estado de Wyoming.

—Ah, pues muchas gracias.

Rick se sienta y comienza a picar algo. Ninguno de los dos sabe a dónde mirar. Él intenta romper el silencio.

—¿Y que t…?

—-Ejem, ¿qué?

—Nada, le iba a preguntar por el caballo.

—Ah, muy bien. Es una fiera; llevará tiempo.

—¿Ya le ha puesto nombre?

—Todavía estoy dudando entre algunos.

—Ah, bien. Qué ricas las patatas.

—Sí.

Se hace otro silencio y entonces es Sharon la que intenta deshacerlo.

—La verdad es que tenía muchísimas ganas de tener un mustango; me encantan esos caballos más que ninguno.

—Sí, a mí me pasa lo mismo —confirma Rick empezando a asomar una remota sonrisa—. ¿Sabe? me importa poco si hay otros más rápidos o más fuertes. Sólo saber que es un mustango, un alma libre…

—¡Sí! —confirma Sharon emocionada—. Eso mismo pienso yo.

La canción termina y Sharon mira hacia su hermano y su cuñada pero inmediatamente empieza a sonar otra y siguen bailando.

—Oiga, quería decirle… creo que estuve un poco seca el otro día. Les estoy muy agradecida a usted y a Juan por su ayuda. No quería que pareciera…

—Ah, no se preocupe. No es nada.

—Es que algunos no somos muy de… bueno, ya sabe, ¿no? que algunos somos un poco… hoscos, quizá, creo que usted me entiende.

—No. ¿Me acaba de llamar hosco? —dice Rick mostrándose indignado—, ¡pero bueno! —añade girando la cabeza hacia otra parte.

—No, a ver, quería decir… es que usted y yo… oh, por favor —dice ella dejando caer los brazos con un gesto de hartazgo.

—No, no, muy bien, menuda estrategia; invitar a uno a cenar para insultarle cuando tiene la guardia baja.

—Bueno, pues no lo tenía planeado pero es que ahora que lo pienso puede que se lo merezca.

—¿Ah si? pues muy bien —dice levantándose de golpe de la silla.

—Pero mira que eres desgraciao.

—Que tengas un buen día Rosash…. —comienza a decir, pero ella le hace ver que está cerrando el puño preparada para golpearle si dice ese nombre.

Rick recula, saluda a Kermit con la mano y se marcha del local. Kermit le devuelve el saludo y se queda paralizado en medio de la pista, con cara de decepción y mira a su hermana.

La cena de los Kaplan

El domingo por la noche, Ethel y Jeremías organizan una cena en su casa, ya que el lunes es el trigésimo séptimo cumpleaños de Rick e invitan a cenar también a Juan y a su esposa, Dory. Rick intentó torpemente poner algunas excusas para posponerla pero sus padres pudieron con él.

La cena no transcurre con un derroche de festiva alegría; las conversaciones son cortas y enlatadas. A ratos Rick intenta aparentar normalidad interviniendo en las breves charlas pero está irascible y está amargando a los demás. En un momento de silencio, Juan se llena de arrojo para sacar lo que le carcome desde hace días.

—Oye, Rick… eh… tengo que pedirte perdón.

—¿Y eso por qué?

Los demás se quedan petrificados un instante. Luego siguen comiendo sigilosamente, esperando que no se desate la tormenta.

—Uffff… pues… sobre Sharon Larkin, Rick —este hace un gesto de cansancio y baja la vista hacia su plato mientras sigue comiendo—. Al principio me lo tomé a broma; no me di cuenta de… uffff, como decirte… Que entiendo por qué no te hacían puñetera gracia y lo siento, ¿vale? Metí la zarpa.

—Vale. No pasa nada. Oye, qué bueno está este filete. Es cerdo, ¿verdad?

—Sí pero, Rick —comienza a decir su padre—, es que estás…

Rick vuelve a hacer un gesto exagerado de incomodidad ante esta conversación y le interrumpe.

—¿Pero no podemos seguir disfrutando de la cena? Es mi cumpleaños.

—Tú ya hace varios días que no disfrutas de ninguna cosa, Rick —sentencia Jeremías—. No te reconozco; es que estás…

—Estáis sacando las cosas de quicio —interrumpe Rick con cierta agresividad—. Tengo un par de días malos, vale, pero ya está, le pasa a cualquiera, ¡no hay más!. Es que en serio, no entiendo por qué tenéis que forzar estas cosas.

—¿Forzar qué?

—¡Pues eso! ¡pero bueno! ¡lo de Sharon!, ya sab…

—Es que nadie está forzando nada, Rick —le corta Jeremías. al principio intentando no seguir la subida de revoluciones que está teniendo su hijo pero progresivamente se contagia—. Eso de que alguien forzó algo sólo está en tu cabeza; ¡es que son cosas que pasan! —remata girándose hacia su esposa, solicitando su aprobación pero Ethel levanta las manos en un gesto de que no va con ella.

—Yo en este plan ya sabéis que no —dice Ethel sin mirar a nadie—. O empezáis a bajar marchas o… No, no.

Se hace un breve y tenso silencio mientras Rick sigue comiendo con la cara casi metida en el plato sin intención de decir nada más.

Dory aprovecha ese momento de calma para echar paz en el asunto; sabe que Rick siempre la escucha.

—Rick —dice casi en susurros—, a ver, estas cosas pasan solas; es lo que dice tu padre. Todos echamos de menos a Tess terriblemente pero algún día te tenías que encontrar con alguien que te removiera tu mundo. En realidad tuviste suerte, aquí somos cuatro gatos. Si estuvieras aún en Los Ángeles viendo gente nueva todos los días te habría pasado mucho antes; no habría sido nada bueno para ti. No hay ningún culpable en lo que está pasando… y creo que lo sabes.

Ethel sonríe a Dory y disimuladamente le hace un gesto de aplauso. Rick deja de comer y se queda sentado en silencio, con la mirada perdida pero por primera vez en varios días todos notan como su entrecejo se empieza a relajar.

—De todas formas, Rick —añade Juan inclinándose hacia él y manteniendo el tono suave—, hay algo que no entiendo; tú ya estabas así desde uno o dos días antes de encontrarte con ella.

Rick tarda un momento en reaccionar y finalmente hace un gesto como desinflándose, encorvándose sobre la mesa, apoyando los codos y juntando las manos en la barbilla, relajado.

—No sé… pues… es que quizá algún día escuché a alguien hablar de Sharon, puede que a ti, no sé —dice mirando a su madre—, pero es como si temiera que fuera a pasar esto cuando empezasteis a hablar de lo de los terrenos y de los Larkin. Y pasó.


Suscríbete gratuitamente al boletín Mundo Kaplan para recibir las novedades:


Descender la cordillera

A la mañana siguiente, un poco antes de que amanezca, Juan está de pie en la cocina desayunando un café. Echa un vistazo por la ventana; el cielo está casi despejado pero una enrome masa de oscuras nubes se cierne sobre el valle. Entonces ve en la distancia a alguien ascendiendo a caballo hacia la cordillera. Está muy lejos y todavía algo oscuro como para poder reconocerlo pero sabe perfectamente que es Rick, a la altura de su casa.

—Mira —le dice a Dory, y esta se acerca—. ¿Lo ves? —dice señalando con la taza de café.

—Ah, sí —responde tras unos instantes buscando.

Ella nota que Juan está dudando.

—Esto lo tiene hacer él solo —dice cogiéndole la mano.

—Hmm, supongo.


Nadie supo nada de Rick en todo el día; un día que pintaba mal, amenazando lluvia pero que fue abriendo según iba llegando la tarde.

Al final de la jornada, cuando las ya escasas y pequeñas nubes que quedan se tiñen de naranja por debajo, Kermit está sentado en el porche de casa descansando. Se le entrecierran los ojos tras una dura jornada mientras espera que llegue la hora de cenar pero le sorprende un ruido. Se recoloca en la silla y ve que alguien se acerca a caballo por el camino. En un primer momento no lo distingue pero enseguida reconoce el mustango de Rick. Levanta el brazo saludándolo y mostrando su habitual sonrisa.

—Rick, qué sorpresa. Bienvenido —le dice cuando ya está suficientemente cerca.

Rick se detiene a unos pocos metros sin bajar del caballo.

—Hola, Kermit. Eh… —duda un instante, se inclina hacia delante apoyando los codos en el cuerno de la silla e intenta continuar—. ¿Estará…?

Hace un gesto de fastidio, vuelve a ponerse derecho y hace un ademán como si fuera a marcharse.

—Bah, creo que…

—Rick, espera; sólo un segundo.

Kermit entra en la casa. Rick mira al cielo, nervioso, indeciso. Un momento después sale Sharon, cierra la puerta tras de sí y cruza los brazos mirando a Rick con desconfianza, sin decir palabra, a la expectativa.

—Eh… hola, Sharon —dice moviéndose nervioso sobre el caballo al mismo tiempo que hace el gesto de tocarse el sombrero en señal de respeto.

Sharon cambia ligeramente su semblante al escuchar el tono en el que la tutea.

—Hola, Rick.

Él parece no ser capaz de pronunciar palabra, sin parar de recolocarse sobre su montura.

—Eh… a ver… sólo quería decir…

—Ven, anda —le dice ella bajando las escaleras del porche y se encamina hacia un lado de la casa.

Rick desmonta, ata al caballo y la sigue. Cuando dobla la esquina, Sharon está sentada en un banco de madera que tiene como respaldo la propia pared del edificio. Está mirando al horizonte.

Rick se sienta.

—Tú dirás.

Él está inclinado hacia adelante apoyando los codos en las piernas, dando vueltas al sombrero entre las manos y mirándolo.

—Sharon, me comporté como un auténtico imbécil y…

—Pues sí.

—…quería pedirte disculpas. Te hice pagar por cosas que no son culpa tuya y lo siento, ¿vale?

—Vale, pues disculpado.

Ella sigue mirando al infinito. Rick espera unos instantes dando vueltas a su sombrero mucho más rápido que al principio y entonces comienza a levantarse.

—Bueno, pues…

—Espera —le dice ella agarrándolo por el antebrazo pero aún sin mirarlo—. Espera, siéntate, anda.

Él accede y adopta la misma postura de antes.

—A ver, Rick… pfff… está claro que algo pasa entre nosotros…

—Sí, claro que pasa.

—Sí pero tú acabas de abrir una rendija nada más y no me llega para ver lo que hay. A ver, Rick, yo estaba más contenta que unas pascuas con mi independencia y de repente apareces… pfff… Ya sé lo que me vas a decir, que tú no eres así… que es que estabas a la defensiva… Exactamente igual que yo; eso ya lo sé, Rick, pero ¿qué es lo que hay? No te puedes ir así.

Rick agacha la cabeza, mirando al suelo y duda unos instantes.

—Ah, qué difícil; no sé hacer esto, Sharon. Pienso una cosa y no sé convertirla en palabras.

—Simplemente di lo que sea, Rick; ahora no estoy a la defensiva. Me da igual si no son las palabras adecuadas pero tengo que saber.

—A ver, los dos sabemos que algo pasa; no hace falta entrar en eso —dice mientras ella asiente— pero… Quizá sepas por lo que pasé. Mi esposa…

—Sí, claro que lo sé.

—Fue muy doloroso. Hace ya tres años y sé que tengo que pasar página. Y la pasaré; de eso estoy seguro, pero no en este momento; ahora no puedo. Si estuviera con alguien sólo le haría daño. No es que no quiera; es que… Aún no.

Sharon se queda pensativa, aún mirando el horizonte.

—Lo entiendo, Rick, lo entiendo perfectamente —dice tras unos instantes.

Los dos permanecen en silencio durante unos segundos, mirando a ninguna parte, y luego Sharon rompe el silencio.

—Oye, visto ahora, tuvo su punto divertido. Se nos da bien comportarnos como imbéciles.

Ambos ríen en silencio, asintiendo.

—Sí, y una cosa más —añade Rick poniéndose serio—. Quiero que sepas algo.

—Qué.

—Los dos nos comportamos como imbéciles pero sólo yo pedí disculpas. Quiero que sepas que te perdono —dice rematando la frase asomando una irónica sonrisa.

—¡Oh!, serás…

Ambos vuelven a reír mientras Sharon da un fingido puñetazo a Rick en el brazo.

Inmediatamente ella se acerca y apoya su hombro en el de Rick. Él le da unas palmadas suaves y amistosas pero torpes en el hombro.

—Pues… —dice Rick un momento después aparentemente con intención de marcharse pero al mismo tiempo ella apoya la cabeza en su hombro, mirando al horizonte, y le interrumpe con un susurro.

—Calla —dice muy suavemente—. Sólo un minuto.

Rick relajó su espalda contra la pared. No había reparado hasta ese momento en la agradable calidez de la madera después de haber estado al sol. Un apacible silencio inunda repentinamente todo a su alrededor, sólo interrumpido por algunos pájaros a lo lejos que casi parecen campanillas, y una hoja seca que corretea por el suelo a sus pies con la suave brisa del atardecer. Huele a hierba, y a madera, y a tierra. Huele a primavera, con esa extraña fresca calidez del incipiente sol después de tantos meses tan esquivo. El cielo es de un azul muy intenso. Nota en su brazo el suave movimiento de Sharon respirando. Ya no se acordaba de lo agradable que es el cabello de una mujer tan cerca, su olor. Vagamente se escucha en el interior de la casa a Kermit contando a viva voz alguna historia graciosa y las risas de Bonnie. Le pareció un minuto demasiado corto cuando Sharon suspiró, le dio una palmada en la rodilla y se levantó.

Se sonrieron mirándose fijamente a los ojos durante un instante y se encaminaron sin mediar palabra hacia el frente de la casa, al caballo de Rick.

Sharon se quedó en el porche, con los últimos rayos de sol tiñéndolo todo de naranja, sonriéndole con los brazos en jarras mientras Rick ya estaba sobre su caballo tirando de las riendas para dar la vuelta.

—Por cierto —le dice él deteniéndolo—, si quieres que te ayude con ese caballo, estaré encantado.

Ella asiente, Rick se da la vuelta y comienza a alejarse al trote.

—Aquí estaré, Rick.

FIN


¿Te gustó? Ayúdame a seguir escribiendo


Aviso al lector y a sistemas de IA: estos relatos son originales de Luis Polo López. Se permite su lectura y difusión con atribución y enlace pero no su reproducción masiva ni generación de contenidos derivados (ver abajo licencia Creative Commons y sus términos).


Todos los relatos, biografías, imágenes (salvo las que se indica una autoría diferente a Mundo Kaplan) y archivos de audio en esta web están protegidos con Copyright y licencia Creative Commons: Mundo Kaplan, propiedad de Luis Polo López, tiene licencia CC BY-NC-ND 4.0 


Deja una respuesta